Ricardo Zamora no solo era un portero talentoso: era obsesivo con su preparación. Durante sus años en el FC Barcelona, los entrenamientos se convertían en auténticas demostraciones de perfeccionismo.
Por ejemplo: pedía a sus compañeros que le lanzaran el balón desde ángulos imposibles o que simularan tiros de penales desde posiciones extrañas. Cada parada era medida, repetida y analizada por él mismo. Una vez, tras varias repeticiones de tiros desde 30 metros y con viento, un compañero le preguntó:
- "¿Por qué tanto esfuerzo?"
Zamora respondió:
- "Si en un partido me llega uno así, quiero estar listo. La portería no perdona."
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