dimarts, 24 de febrer del 2026

Cap. 11083: Un pase que ayudó en Wembley

Una de las noches más recordadas de Txiki Begiristain en el FC Barcelona fue en la final de la Copa de Europa de 1992 en Wembley, contra la UC Sampdoria.

El partido estaba muy cerrado, con ambos equipos buscando un gol que inclinara la balanza.

Begiristain, conocido por su calma y visión de juego, recibió un balón en la banda y vió un espacio que parecía imposible.

En lugar de intentar un disparo arriesgado, hizo un pase medido al área que abrió la jugada para el gol decisivo de Ronald Koeman, que terminó marcando de falta.


Tras el gol, Begiristain celebró con discreción, consciente de que su aportación había sido clave, pero sin buscar protagonismo. Sus compañeros y el entrenador Johan Cruyff siempre destacaron que su visión y tranquilidad en los momentos críticos eran vitales para que el equipo funcionara.

Cap. 11082: El liderazgo de Txiki

Txiki Begiristain fue una pieza clave del famoso "Dream Team" de FC Barcelona dirigido por Johan Cruyff en los años 90. Aunque no era el más mediático, su personalidad y liderazgo dentro del vestuario marcaron la diferencia.

Una anécdota conocida ocurrió durante una pretemporada:

El equipo estaba preparando un torneo amistoso y varios jóvenes del filial estaban integrándose en los entrenamientos.

Algunos de los titulares estaban tensos y competitivos, temiendo que los novatos tomaran protagonismo.

Begiristain, siempre tranquilo, se acercó a los más jóvenes y les dijo:

- "Jugad como sabéis. Si nos ayudáis a ganar, todos ganamos."

Su mensaje fue simple, pero generó confianza y respeto inmediato. Durante el torneo, los jóvenes brillaron y el equipo salió reforzado, tanto en juego como en cohesión.

Cap. 11081: Zamora era un "cachondo"

Cuentan que durante una concentración con el FC Barcelona, los jugadores estaban aburridos y tensos esperando un partido importante. Zamora decidió "animar" el ambiente de una manera inesperada:

Tomó un balón viejo, lo infló un poco más de la cuenta y empezó a lanzarlo sigilosamente hacia los compañeros mientras fingía concentración en su libro de táctica. Cuando alguien lo atrapaba o se quejaba, él levantaba las cejas y decía con tono serio:

- "Cuidado, esto es un ensayo de tiros imposibles."

El vestuario estallaba en risas. Algunos jugadores dijeron que, por un momento, Zamora los hizo olvidar la presión del partido

Cap. 11080: La obsesión de Zamora

Ricardo Zamora no solo era un portero talentoso: era obsesivo con su preparación. Durante sus años en el FC Barcelona, los entrenamientos se convertían en auténticas demostraciones de perfeccionismo.

Por ejemplo: pedía a sus compañeros que le lanzaran el balón desde ángulos imposibles o que simularan tiros de penales desde posiciones extrañas. Cada parada era medida, repetida y analizada por él mismo. Una vez, tras varias repeticiones de tiros desde 30 metros y con viento, un compañero le preguntó:

- "¿Por qué tanto esfuerzo?"

Zamora respondió:

- "Si en un partido me llega uno así, quiero estar listo. La portería no perdona."

Cap: 11078: "Lo tengo, sigue"

Cuando Johan Cruyff llegó al FC Barcelona en 1973, revolucionó todo: técnica, táctica, mentalidad. Muchos jóvenes quedaron deslumbrados, y algunos veteranos se sintieron desafiados. Sadurní, ya portero experimentado, era uno de esos veteranos que no necesitaba demostrar nada… pero sí aprender.

Durante un entrenamiento, Cruyff estaba probando jugadas rápidas con pases imposibles y tiros desde ángulos difíciles. Muchos porteros se frustraban, pero Sadurní adoptó otra actitud: observaba, analizaba, se colocaba y respondía con calma a cada balón. Hay un episodio que los compañeros recuerdan: Cruyff le lanzó un tiro que parecía imposible de parar. Sadurní reaccionó con reflejos perfectos, detuvo el balón y, en lugar de celebrar, le dio un pequeño gesto de respeto a Cruyff: un asentimiento con la cabeza, como diciendo "lo tengo, sigue".

Cruyff quedó impresionado y comentó más tarde que Sadurní era uno de los pocos jugadores que podía seguir su ritmo sin perder compostura. Ese respeto mutuo se mantuvo durante años y ayudó a que el Dream Team del Barça desarrollara la confianza que los hizo grandes.

Cap. 11077: La humildad de "el Gat del Vallès"

 A mediados de los 70, el FC Barcelona empezaba a cambiar. Llegaban nuevos jugadores, nuevas ideas y otra mentalidad. Sadurní ya no era el joven "Gat del Vallès", sino el veterano respetado del vestuario.

En uno de esos entrenamientos, un portero más joven (que venía apretando fuerte) realizó una gran sesión. Paradas espectaculares, reflejos rápidos, mucha energía. Algunos compañeros empezaron a comentarlo en voz alta. Era el típico momento en el que un veterano podría sentirse amenazado. Pero Sadurní hizo lo contrario. Al terminar la práctica, se acercó al joven y le dijo algo que varios escucharon:

- "Aprieta más. El puesto no es mío… es del que mejor esté."

No hubo tensión. No hubo celos. Solo competencia sana. Esa actitud marcó mucho a los más jóvenes: entendieron que el liderazgo no siempre consiste en imponer jerarquía, sino en aceptar el paso del tiempo con dignidad.

Poco después, cuando su protagonismo disminuyó, Sadurní no generó conflictos ni polémicas. Siguió entrenando igual de fuerte, ayudando a los nuevos y manteniendo el respeto del vestuario. Su última gran lección no fue una parada… Fue cómo saber hacerse a un lado con elegancia.

Cap..11076: Sadurní "calló" al Camp Nou

A comienzos de los 70, el FC Barcelona vivía una etapa irregular. El público del Camp Nou era exigente y cuando el equipo no funcionaba, se notaba.

En un partido clave de Liga, el Barça empezó nervioso. Un error defensivo casi termina en gol y desde la grada bajaron murmullos, silbidos y esa tensión tan característica del estadio cuando algo no gusta. Minutos después, llegó una jugada peligrosa del rival: disparo potente, desviado por un defensa… y el balón cambió de trayectoria en el último segundo.

Sadurní reaccionó con un reflejo felino. Se estiró a mano cambiada y sacó una parada imposible. El estadio, que segundos antes estaba inquieto, explotó en aplausos.

Pero lo más significativo vino después. En lugar de celebrar o recriminar a la defensa, Sadurní levantó la mano pidiendo calma. No a sus compañeros… al estadio. Un gesto sobrio, casi imperceptible, como diciendo:

- "Tranquilos. Estamos aquí."

Ese detalle bajó la ansiedad colectiva. El equipo se asentó y terminó sacando el partido adelante

Cap. 11075: "Parando" bajo la lluvia

En los años 60, las instalaciones del FC Barcelona no tenían ni de lejos las comodidades actuales. Cuando llovía fuerte, el campo se convertía en barro puro.

Muchos entrenamientos se acortaban. Algunos jugadores se iban antes para evitar lesiones. Era comprensible.

Pero Sadurní no. Cuando caía la lluvia intensa, él veía una oportunidad. Sabía que en partidos importantes el clima no iba a preguntar si estabas preparado. Así que, mientras varios ya estaban en el vestuario, él pedía a un utilero o a algún compañero que se quedara tirándole balones.

Se lanzaba una y otra vez sobre el barro. Blocajes con el balón empapado. Salidas por alto con el suelo resbaladizo.

Terminaba cubierto de tierra, literalmente irreconocible.

Cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía algo muy suyo:

- "Si el día de la final llueve, yo ya habré estado ahí."

Esa mentalidad lo llevó a ganar tres Trofeos Zamora y a ser durante más de una década el guardián del Barça en una etapa complicada. No era espectacular hacia afuera. Pero su preparación silenciosa lo hacía gigante bajo los palos.

Cap. 11073: La Charla que cambió un partido

Compañeros del Dream Team recuerdan que, en una semifinal europea a principios de los 90, el equipo llegó al descanso nervioso y algo desordenado. Cruyff había dado sus indicaciones tácticas, pero el ambiente seguía tenso.

Entonces Bakero pidió la palabra.
Sin gritar, con tono firme, recordó algo muy simple:
"Jugamos como entrenamos. Si empezamos a dudar ahora, dejamos de ser nosotros."
Fue un mensaje corto, pero tocó la fibra del grupo. No hablaba desde el ego, hablaba desde la responsabilidad colectiva.

Cap. 11072: Schuster y su caracter

En un entrenamiento, el técnico pidió repetir una jugada varias veces porque no salía como quería. Schuster, perfeccionista y directo, empezó a mostrar su frustración. En un momento, delante de todos, señaló que el problema no era la táctica sino que algunos compañeros no estaban cumpliendo lo que se pedía.

Silencio total.

En un vestuario con egos grandes, no era habitual que alguien hablara tan frontalmente. Pero Schuster no era de guardarse nada. No gritaba por espectáculo: lo hacía porque odiaba la mediocridad.

Lejos de romper el grupo, aquello generó respeto. Incluso Maradona, que no toleraba cualquiera, valoraba su talento y su franqueza. Sabían que, cuando el balón pasaba por él, el equipo jugaba mejor.

Cap. 11071: Schuster desaparece de Alemania

 En el Mundial de 1982, Bernd Schuster era una de las grandes estrellas de Alemania Federal. Tenía apenas 22 años, pero ya era el cerebro del equipo.

Tras perder la final contra Italia, ocurrió algo inesperado:

Schuster se sintió profundamente decepcionado con el ambiente interno del equipo y con algunas decisiones técnicas. Había tensiones en el vestuario y no estaba cómodo con la gestión.

Lo sorprendente fue lo que vino después.

Con solo 24 años —y en pleno nivel top— decidió no volver a jugar con la selección alemana mientras siguiera esa estructura. No fue una lesión. No fue una bajada de nivel. Fue una decisión personal. Y cumplió su palabra

Cap. 11070: Thiago le da una lección

 Después de perder una de las finales con Argentina (en plena etapa de críticas fuertes hacia él), Messi llegó a su casa devastado. Se sentía culpable, triste, cuestionado por todo un país.

Estaba en silencio, mirando al vacío… cuando su hijo mayor, Thiago —que era muy pequeño— se le acercó.

Sin entender del todo lo que pasaba, le dijo algo simple pero poderoso:

"Papá, ¿por qué estás triste? Yo te quiero igual."

Para Messi fue un golpe directo al corazón.

En entrevistas posteriores contó que en ese momento entendió algo fundamental: el fútbol es importante, pero no es todo. Para sus hijos, él no era el mejor jugador del mundo… era simplemente papá.

Ese instante lo ayudó a cambiar su perspectiva. A competir con más calma. A disfrutar más. A no dejar que la presión lo destruyera.

Muchos dicen que ese Messi más maduro y sereno fue el que luego lideró a Argentina al título en el Mundial.